El bando equivocado
| Acento CircunflejÔ en Universo Gay
302009
El bando equivocado
Por Libertad Morán
En mí anterior artículo hubo quien se sorprendía de que alguien supuestamente inteligente como yo (todo un halago presuponer mi inteligencia cuando hay tantos —y sobre todo tantas— que la ponen en duda) pudiera estar vinculada a una asociación como Fundación Triángulo. Pues bien, hablemos de colectivos LGTB.
Y es que algo de razón deben de llevar aquellos y aquellas
que ponen mi inteligencia en tela de juicio. Lo admitiré: tengo una acusada
tendencia a militar en el bando equivocado. El colectivo equivocado, la
editorial equivocada, la novia puñetera… (ay, no, que esto último no tiene nada
que ver). Podría citar a Ortega y soltar aquello de que yo soy yo y mis
circunstancias pero sería una salida demasiado fácil. Aunque la verdad es que
los tiros van por ahí. No por las circunstancias sino por la casualidad. Caí en
Fundación Triángulo por casualidad al igual que muchas otras acciones o
situaciones en mi vida. Y a estas alturas de la película no perderé ni un
segundo de mi tiempo en defender a una entidad que, a día de hoy y en mi
opinión, mantiene argumentos de hace quince años. Pero tampoco pienso defender
a ninguna otra asociación LGTB. Mi época de activista colectiva ya quedó atrás.
Prefiero, con mucho, el activismo personal como ya dejé plasmado en este otro
artículo.
Yo milité en la citada Fundación Triángulo, sí. Pero también
colaboré con otros colectivos sitos en Madrid como Cogam o RQTR. Del mismo modo
que tuve mucho contacto con asociaciones de otros puntos de España. Y,
sinceramente, la percepción global que tengo de ellos no dista mucho de la que
tengo de FT. Me da igual que en esos otros colectivos haya elecciones internas
o que abanderen la democracia como si la hubieran inventado. De todos ellos han
salido activistas desencantados del mismo modo que salieron (salimos) de FT.
Porque el activismo gasta y desgasta. Porque en todas partes cuecen habas y
siempre hay unos que trabajan y otros que se ponen las medallas. El
voluntariado social suele ser uno de los sectores más desagradecidos. Y esa idea
no me la va a quitar nadie de la cabeza.
Al fin y al cabo, la estructura de los colectivos viene a
ser la misma que la de los partidos políticos (por mucho que, sin asomo de
pudor, se definan como apolíticos). Y de sobra son conocidas las beligerancias
que hay entre asociaciones LGTB. Beligerancias que puedo entender en el caso de
partidos de izquierda y derecha pero no en colectivos que, aunque difieran en
idearios, persiguen un mismo fin: la lucha contra la discriminación. En su
momento, el enfrentamiento entre Cogam y FT se parecía más al de PSOE y PP
(aunque ahora tengan incluso proyectos en común), provocando escenas entre sus
voluntarios y representantes, de las que fui testigo, que no por absurdas eran
menos desoladoras.
Nunca negaré el papel de las asociaciones en la consecución
de derechos para los ciudadanos LGTB. Sí, en cambio, reniego de su
autoproclamada condición de adalides absolutos de un colectivo que no siempre
se siente (ni tiene por qué sentirse) representado por ellos.
Como ya he dicho, desde hace mucho abandero un único
activismo: el personal. El único tipo de activismo en el que soy yo quien
decide, controla y actúa. Un activismo que recomiendo fervientemente a
cualquiera y sin el cual, por mucho que lo nieguen, los colectivos no tendrían
nada que hacer.
Acerca de Libertad Morán
Nací un martes y trece y puesto que ahora estoy en plena crisis de los treinta no hace falta indicar de qué año. Madrileña y urbanita hasta la médula, si finalmente decido hacerles la putada a mis amigos de que, cuando llegue el momento, esparzan mis cenizas, los pobres tendrán que hacerlo un jueves a las tres de la mañana desde un coche que recorra la Gran Vía a toda velocidad y con alguna canción de Madonna de fondo. Con cuatro novelas ya a mis espaldas, intento trabajar en la quinta, que verá la luz en algún momento incierto de 2010. Si aún te quedan ganas de saber más, visita www.libertadmoran.es.
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