Cuando la queja se convierte en excusa

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Cuando la queja se convierte en excusa20012009 Cuando la queja se convierte en excusa Por Libertad Morán Cuando una se cansa de excusas y justificaciones llega el momento de hablar sin levantar la mano para pedir permiso. La discriminación existe pero nadie dijo que fuera fácil luchar contra ella. Un paso al frente y la cabeza alta deberían ser las premisas básicas para hacerse notar. Pero todavía hay muchas que prefieren la comodidad y el victimismo.


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Según la RAE, la homofobia es la “aversión obsesiva hacia las personas homosexuales”. Lo que no aclara la Academia es quién puede ser el sujeto que siente tal aversión. Hojeando cualquier periódico damos por sentado que los homófobos son ciertos jueces que olvidan cumplir las leyes, esa concejala de ideología conservadora (por decirlo de un modo suave) que habla de macedonias, los miembros del Foro de la Familia o Rouco y sus Hombres de Negro.

Sin embargo esa homofobia es visible y bien patente. Sabemos cómo defendernos de ella o, al menos, qué argumentos esgrimir para desbaratar los suyos. Pero a mí esa homofobia, la mayoría de las veces, me resbala. No doy crédito a quienes ni siquiera me respetan como persona.

Por tanto, antes que enzarzarme en interminables combates dialécticos con los individuos citados más arriba, prefiero mirar a aquellos que se encuentran en mi propio bando y a esa homofobia interna que muchos y muchas —más de los que podemos imaginar— padecen. Ese prejuicio alojado en el fondo de sus cabecitas que a veces se hace oír con frases como: “Todo sería más fácil si fuera heterosexual”. O mi favorita: “Si hubiera una pastilla para convertirme en heterosexual, la tomaría sin dudarlo”.

Y hasta ahora, las más afectadas por ese germen de no aceptación están siendo las mujeres lesbianas. Amparadas por el —ya manido— discurso de la doble discriminación y la invisibilidad a la que las han sometido tanto sus compañeros gays como la sociedad patriarcal y heterosexista, se enredan en interminables debates que analizan su situación pero raramente aportan soluciones o hacen un llamamiento al cambio, a la acción. Bueno, sí; hacen multitudinarias fiestas privadas haciendo creer que unas pocas son todas pero esa es otra historia…

Históricamente a la lesbiana se le ha sido negada incluso su propia existencia. Resulta muy difícil, a veces incluso imposible, hacer un trazado de referentes lésbicos a lo largo de la historia. Eso jode. Pero jode mucho más comprobar cómo todavía hoy es tan sencillo encontrar mujeres que se esconden tras la invisibilidad (aunque luego la critiquen) para vivir su vida cómodamente mientras dejan que otras —muy pocas— hagan el ruido que no hacen ellas. Esas mujeres que siguen reproduciendo los esquemas heterosexistas y patriarcales que dicen criticar. Esas que sólo se atreven a hablar abiertamente de su sexualidad cuando se emparejan (como si una fuera menos lesbiana cuando está soltera) o cuando se desemparejan (porque llegan a extremos en que sus amigas ya no aguantan más oír hablar de sus ex y hay que echar mano de nuevos oídos). Esas que fingen ser las mejores amigas ante el casero, ante los compañeros de trabajo, ante el director del banco y ante el charcutero. Esas que callan cuando las personas de su alrededor sueltan exabruptos homófobos por miedo a que las etiqueten con algo que, en el fondo, ellas curarían gustosas con el mero acto de tomarse una pastilla milagrosa.

Sí, de acuerdo, no es fácil dar la cara. Pero quedarse quieta y quejarse tampoco sirve de mucho.


Acerca de Libertad Morán

Libertad Morán Nací un martes y trece y puesto que ahora estoy en plena crisis de los treinta no hace falta indicar de qué año. Madrileña y urbanita hasta la médula, si finalmente decido hacerles la putada a mis amigos de que, cuando llegue el momento, esparzan mis cenizas, los pobres tendrán que hacerlo un jueves a las tres de la mañana desde un coche que recorra la Gran Vía a toda velocidad y con alguna canción de Madonna de fondo. Con cuatro novelas ya a mis espaldas, intento trabajar en la quinta, que verá la luz en algún momento incierto de 2010. Si aún te quedan ganas de saber más, visita www.libertadmoran.es.

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Estoy absolutamente de acuerdo contigo. Es más, creo que ya hemos hablado de este tema más de una vez. Me parece que como primera colaboración has sido muy valiente y te has mojado el culo, ahora sientate a esperar las críticas, porque te van a dar por todos lados, ya sabes como funciona esto. Un placer que seamos compañeros además de en la editorial, aquí.
Dice ser MiguelG - 20/01/2009 19:59

Totalmente de acuerdo contigo, aunque por una parte soy de las que criticas, no en todo, solo en una parte, yo no quiero, ni he querido nunca tomarme una pastilla para convertirme! (que fuerte! nunca lo había escuchado) ni nada por el estilo, si soy así, es lo que hay.

Lo que pasa que es difícil dar la cara a ciertas personas, en concreto a las de tu entorno, sobre todo a la familia, si tu estás escuchando comentarios homófobos semanalmente, es muy difícil dar la cara, si, serás cobarde por que no la das, pero... es tu familia, si pierdes eso... no te queda ya nada...

Y respecto a cualquier otra persona que no tenga nada que ver contigo misma, si, hay que dar la cara, y si les jode, que les joda, es lo que hay y es lo que ha habido siempre, y siempre habrá, y ahora se verá más que nunca!

Enhorabuena por tu artículo! ;)

Dice ser Marga - 20/01/2009 22:25

Solo quería felicitarte por tu columna, me encanta como escribes y estoy muy interesada en los temas que tratas, asi que me pasaré a menudo a leerte.
Desde luego, el artículo dará mucho de que hablar!
Enhorabuena nuevamente y un saludo!

Dice ser Almu de la Fuente - 21/01/2009 11:26

Hay tantas cosas que no comprendo.

¿Por qué ocultar lo que cada uno es? ¿De verdad pensaís que la gente que os quiera va a sentir rechazo hacia vosotras por ser lesbianas? Los padres, por ejemplo, no son nada tontos y saben perfectamente como es cada uno de sus hij@s, aunque tengan 15, conocen a la perfección a cada uno de ellos. No creo que ninguna madre se haya sorprendido cuando su hija le haya dicho que es lesbiana, o cuando su hijo le haya dicho que es gay.

Menos palabras y mas hechos. Os cortaís la "libertad" vosotras mismas. La gente que nos juzgue y nos rechaze por nuestra condicion sexual no merece la pena.

Así que no tengaís tanto temor a lo que puedan pensar que decir una simple frase os dará muchísima tranquilidad.

Me ha encantado el artículo. Aunque creo que has puesto el listón muy alto para ser el primero.

Dice ser Begoña - 21/01/2009 16:53

Tal vez te escondes precisamente porque esas personas que te apoyan y te quieren no tengan que aguantar esos comentarios homófogos, que si a ti como lesbiana te molestan, a ellos les hace sentirse doblemente heridos. Aunque son ellos los que lo defienden a capa y espada, pero a ti te queda esa sensación de egoísmo y prefieres callarte.

Probablemente lleves toda la razón, pero es tan injusto que tengamos que luchar por algo que es tan natural.

Dice ser Johanna - 03/02/2009 13:13

"Aunque son ellos los que lo defienden a capa y espada, pero a ti te queda esa sensación de egoísmo y prefieres callarte."

Había escuchado muchas excusas, pero ninguna como ésta. Qué pena.

Dice ser A. - 07/02/2009 16:23

Es muy bonito y de tener un "par" todo lo que dices,pero hay ocasines en la que ser sincera y dar la cara solo vale para que te la rompan,pero lo peor es el daño emocional que eso representa.Hay personas que no quieren oir la verdad y prefieren que vivas en la sombra.Felicidades por tu trabajo y cuidate.
Dice ser ARANZAZU - 08/04/2009 18:33

totalmente de acuerdo, pero... por amor de dios, ¿de verdad hay gente que se drogaría para no ser como es? vamos, eso ya empieza a doler... En esta vida si no te aceptas, no tienes vida, o una penosa existencia en algunos casos. Además, estoy seguro de que esa no sería la solución. A todos aquellos que se odian por susu inclinaciones sexuales, solo he de decirles que se dejen llevar, que hoy dia no nos queman en la hoguera por ser nosotros...
Por loverknow - 16/08/2009 19:40

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